ALBERTO ARMENDÁRIZ CHAPARRO: EPÓNIMO DE UNA GENERACIÓN

NUEVO CASAS GRANDES, CHIH.- En la recuperación sociológica de la historia y la memoria de nuestro municipio vamos a encontrar diversas áreas, temas, asuntos, lugares y, especialmente, personas representativas. En ocasiones hallaremos al personaje que sintetiza muchas de las aristas investigadas. La teoría generacional los llama “epónimos”. En ese ámbito, en ese nivel, en esa clase se ubica Alberto Armendáriz Chaparro.

No es la forma que había imaginado escribir acerca del ingeniero Armendáriz. Siempre pensé en su testimonio, de viva voz e imagen, para hablar de la economía, la política, la cultura, la ideología, en fin, la historia y la memoria, desde sus puntos de vista tan claros, determinantes y concluyentes, como escuché en varias ocasiones.

Hoy, sin embargo, escribo In Memoriam, desde la perspectiva del Réquiem.

Tendrán que ser, ahora, muchas las voces que deban contribuir para recuperar la memoria de una persona tan activa, tan actuante, tan esforzada, sobre todo tan apegada a su tierra, a esta tierra que tanto amamos.

Tendrá que haber un trabajo de investigación en torno al personaje mismo.

Hoy, en homenaje a su fructífera vida, trataré de reconstruir algunos pasajes en los que coincidimos.

Recientemente, la semana próxima pasada, lo vimos en las instalaciones de Nogaleros del Noroeste.

Habíamos llegado allí porque ese día acompañé a Sonia Bencomo, Directora de Fomento Económico, quien andaba invitando a los empresarios para que acudieran a la Feria de Empleo 2019.

Platicamos con personal de las empresas, la financiera y la operativa. Una de sus colaboradoras nos atendió. Platicamos de diversos asuntos. Hablamos del ingeniero Armendáriz, de su persona, su familia, su entrega al trabajo y en especial de su apoyo a la cultura. Después de un buen rato nos dijo:

-“Allí viene su amigo.”

El Ing. Armendáriz salía de la reunión de Consejo. Como siempre, activo, apurado, pero al mismo tiempo cortés, nos brindó su saludo, con el apretón de mano, y prosiguió sus actividades. De hecho lo vimos salir antes que nosotros del estacionamiento y emprender su camino hacia la ciudad.

Jamás nos imaginamos que sería la última vez que le veríamos en vida. Sonia y yo seguimos platicando de su labor empresarial y de su apoyo a la cultura.

El viernes, por la tarde, Sonia andaba apuradísima, luego de atender el segundo día de la Feria de Empleo, el curso de marketing en el Icatech, los trámites en Nissan-Jidosha, y hasta la plática con el mecánico. Cuando llegamos a casa, nuestra hija mayor nos enteraba del suceso que conmocionaría al sector empresarial, a la comunidad y la región: el ingeniero Armendáriz había fallecido en un accidente.

Entonces me puse a recordar las recientes veces y anteriores ocasiones en que nos había tocado coincidir.

En el Museo de las Culturas del Norte fueron tres ocasiones relativamente cercanas en que vimos al Ingeniero: en el concierto de las orquestas de Nuevo Casas Grandes y en la inauguración de la exposición “Sentidos y Emociones. Una Mirada a nuestra tierra, Nuevo Casas Grandes”. Estas veces nos vimos, nos saludamos, tomamos algunas fotos, en fin.

La tercera ocasión fue el 1 de febrero, en la presentación de “Murmullos del alma”, segundo libro de poesías de Ana Joaquina.

Aquí sí platicamos un poco. Presentó el libro y a la autora; fue muy generoso en sus comentarios y bastante insistente, para que Jacqueline Ann, “Jackie”, Jeffers continúe su obra literaria…

Me halaga que me haya preguntado cómo estuvo su participación. Le di mi opinión y destaqué la profundidad y estilo de su intervención.

Es una coincidencia feliz que se haya tratado de tres eventos culturales.

En otras ocasiones, en otros años, vi al ingeniero en actividades relacionadas con la Feria Expo. El año pasado, por ejemplo, muy activo, desde la coronación de la reina.

Recuerdo que aproveché para entregarle a Bertha, su esposa, una memoria USB con su participación en los cursos de expresión oral y escrita, que ella y sus hijas tomaron en el Tecnológico, cuando la institución trabajaba en las instalaciones del CETIS # 93, bajo la dirección de Gustavo Albíztegui Rodríguez.

En aquel tiempo el Ingeniero se desempeñaba como Gobernador de Distrito del Club Rotario, demarcación que incluye varias entidades federativas. Me honra que entonces él y Bertha, su esposa, me confiaran parte de la preparación de discursos y presentaciones públicas. Ellos descubrieron algo que, posteriormente, me permitiría trabajar en la Mesa de Redacción del Instituto Chihuahuense de la Cultura, para el Gobernador y, luego, como apoyo del coordinador del Consejo Estatal de Población, durante más de una década en la capital del estado.

En 2017, cuando nos vimos otra vez, me comentaba con entusiasmo, y a veces con exigencia, los avances con respecto al Teatro de la Ciudad. Cuando me recibió, un sábado, estaba en una reunión, con trabajos de la maestría que entonces cursaba.

Apoyó nuestras iniciativas o proyectos editoriales, incluso motivó a otras empresas para que también nos apoyaran. Para la Expo de aquel año sugirió que se incluyera la participación de Natalie, luego de escuchar algunas de sus interpretaciones.

Recuerdo al Ingeniero también en la política y, por supuesto, en las diversas actividades empresariales, como su padre, Don Raúl.

En 1992 intentó ser candidato del PRI a la presidencia municipal, en una convención de delegados, contra don Rodolfo Escárzaga Villa y el médico Óscar Molina, quien fue el abanderado de su partido.

El 2004 nuevamente participó en las internas del PRI, para la alcaldía, cuando el profesor Alfredo Chacón Melero, resultó nominado.

Como periodista miraba a “los Armendáriz” en la política y en los negocios. Cuando escribí un reportaje para la revista Semanario, acerca de lo que llamaba “El férreo cacicazgo”, jamás recibí algún ataque, reproche o mucho menos amenaza. Me platicaron que incluso Don Raúl les hizo ver que era mi trabajo, que mientras no dijera mentiras, todo estaba bien. Me consideraban, eso sí, como un periodista “duro”.

Del ingeniero recibí un trato afectuoso, cortés y de mucho respeto. De su esposa y sus hijas, tras una coincidencia muy satisfactoria con los cursos, igualmente he sentido una amable deferencia. De su hijo, a quien he tratado en apenas dos o tres ocasiones muy brevemente, he escuchado puntos de vista interesantes y también he recibido el apoyo para nuestras iniciativas, como el estudio de la charrería.

No hay palabras para alentar a las familias Armendáriz Villanueva y Armendáriz Chaparro en estos momentos de dolor infinito. Mi recomendación de siempre: ¡manténganlo vivo en la memoria!

Si el réquiem en la música es un homenaje, su extensión en las letras es un lamento, es una conmoción ante la pérdida de una vida tan plena y tan integral, como la de Alberto Armendáriz Chaparro.

El Ingeniero Armendáriz, miembro de una familia imprescindible en la historia de Nuevo Casas Grandes, con personajes como Don Raúl, su padre, o Don Leoncio, su tío, con hermanos o primos, hijos o sobrinos que siguen y tienen  que cuidar su legado, cumple con los aspectos que los sociólogos otorgan al “Epónimo”.

Un epónimo representa un lugar, una serie de fechas, el espíritu de una época y, finalmente, a una generación. Descanse en paz el Ingeniero Alberto Armendáriz Chaparro, Epónimo de Nuevo Casas Grandes y de nuestro tiempo.

Por: Arcadio Sánchez Rodriguez.

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